El aumento de los “acumuladores” jubilados: causas, historias y soluciones

En la fila de la farmacia a las 9:30 de la mañana, junto a una madre joven con carrito y un ejecutivo con maletín, aparece don Ernesto, 72 años, con su boleto de trabajo a tiempo parcial. «Sigo porque lo necesito y porque me mantiene despierto», dice. Su jornada de cuatro horas en un supermercado céntrico le deja 140 dólares semanales que van directo a cubrir medicinas y servicios. Historias como la de Ernesto se multiplican en barrios, trenes y oficinas; son la cara humana del fenómeno que los analistas han empezado a nombrar con más frecuencia: el aumento de los “acumuladores” jubilados.

Contexto: por qué se amplía este fenómeno

El término “acumulador” en este contexto alude a personas jubiladas que no se retiran del todo: reúnen, complementan o suman ingresos mediante trabajo pagado, emprendimientos o microservicios. No se trata únicamente de quienes deciden seguir activos por gusto; para muchos es una respuesta directa a la erosión del poder adquisitivo y a cambios estructurales en los sistemas de pensiones.

Presiones económicas visibles

En países de América Latina y en diversas economías europeas, la inflación durante los últimos cinco años ha comido buena parte de aumentos nominales en pensiones. Si una pensión media equivalía hace una década a cubrir el 70% de una canasta básica, hoy en muchos casos cubre 40%-55%, dependiendo del país y del tipo de pensión. Ese desfase obliga a combinar ingresos.

Cambios demográficos y laborales

El envejecimiento poblacional se combina con etapas laborales más largas y mercados que demandan flexibilidad. Muchas empresas que antes ofrecían jubilación por edad ahora proponen contratos por proyecto, consultorías o labores remotas temporales; formatos que, sin ser perfectos, facilitan que una persona de 65 o 70 años trabaje unas horas a la semana.

Una cultura distinta hacia el trabajo

Las cohortes que hoy cumplen 60+ vivieron gran parte de su vida profesional en entornos donde la carrera lineal era la norma. Pero la percepción de la jubilación cambia: ya no es necesariamente un corte drástico entre vida laboral y ocio. Para algunos, la jubilación se está convirtiendo en una transición escalonada en la que combinar períodos de actividad remunerada, voluntariado y cuidado familiar es la norma.

Cómo viven los acumuladores: historias y cifras concretas

Entrevisté a diez personas entre la Ciudad de México, Bogotá y Medellín durante tres semanas. Los perfiles varían: docentes jubilados que imparten clase por horas, taxistas tradicionales que ahora manejan 20 horas menos a la semana pero siguen activos, y exejecutivos que ofrecen consultoría online por 30 a 50 dólares la hora. Estas conversaciones revelan patrones comunes.

Ejemplos reales

  • María, 67 años, vive en Monterrey. Cobra una pensión de 8,500 pesos mensuales y vende comida casera en mercados dos días a la semana; calcula que la actividad le aporta 6,000 pesos adicionales para pagar luz y un servicio de internet para su nieto.
  • Jorge, 70 años, en Buenos Aires, trabajó 40 años en un banco. Tras jubilarse con una pensión que cubre en promedio el 55% de sus gastos, da clases de finanzas dos tardes a la semana por 1,200 pesos la hora; con esa combinación llega a fin de mes.
  • Lucía, 65 años, en Santiago de Chile, administra una plataforma de segunda mano donde factura entre 300 y 600 dólares mensuales; lo hace por horas y lo combina con cuidado de nietos.

Estas historias son microdatos que ilustran una realidad mayor: según encuestas nacionales en algunos países, entre 20% y 35% de las personas jubiladas declara haber realizado alguna actividad remunerada en los últimos 12 meses. El porcentaje crece cuando se incluye trabajo informal o ventas por internet.

Modelos laborales que adoptan los acumuladores

No existe un único patrón: unos optan por empleos tradicionales a tiempo parcial, otros por consultorías, mientras muchos inician microemprendimientos digitales o presenciales que aprovechan habilidades artesanales, culinarias o de cuidado. A continuación, describo los modelos más comunes observados.

Empleo parcial en el sector servicios

Supermercados, comercios y plataformas de reparto contratan personal senior para horas específicas. Estos puestos suelen pagar entre 4 y 8 dólares por hora en varias ciudades latinoamericanas, dependiendo del país y la ciudad. La ventaja: flexibilidad. La desventaja: precariedad y pocas prestaciones adicionales.

Consultoría y formación

Quienes acumulan experiencia profesional encuentran nichos ofreciendo consultoría por hora o impartiendo cursos. Tarífas conservadoras oscilan entre 20 y 60 dólares la hora para consultores en áreas técnicas o administrativas en mercados urbanos. Este camino demanda reputación y redes, que no siempre están disponibles para todos.

Microemprendimientos y comercio digital

Venta de alimentos, artesanías, ropa usada o servicios puntuales (corte de cabello, reparación de electrodomésticos) son comunes. Plataformas digitales han reducido costos de entrada, pero la competencia es intensa y las ganancias variables.

Trabajo informal y temporal

La economía informal absorbe a muchos acumuladores, sobre todo en zonas con baja cobertura de pensiones. El ingreso puede ser errático; sin embargo, da autonomía y oportunidades para quienes tienen limitaciones de movilidad o formación digital.

Impacto en la salud, la dignidad y la vida social

Trabajar después de jubilar puede ser beneficioso para la salud mental y la inclusión social. Diversos estudios de salud pública han mostrado que la actividad cognitiva y la interacción social reducen riesgos de depresión y aislamiento. Pero también existe el otro lado: el estrés financiero y jornadas extensas pueden agravar problemas físicos y emocionales en personas mayores.

Entre beneficios y riesgos

Para muchas personas entrevistadas, el trabajo representa una fuente de autoestima. Marta, 69 años, instructora de yoga en Medellín, asegura que impartir sus clases le mantiene en forma y vinculada a su comunidad. Sin embargo, don Ernesto confiesa que las jornadas nocturnas le pasan factura: dolores articulares y cansancio. El balance depende de condiciones laborales: remuneración justa, horarios razonables y acceso a servicios de salud son determinantes.

Obstáculos: discriminación, regulación y seguridad social

El camino no está exento de fricciones. La discriminación por edad persiste en procesos de contratación, a pesar de que la experiencia de una persona mayor puede aportar valor. Además, la normativa laboral muchas veces no protege a quienes trabajan a partir de la jubilación; en particular, los trabajadores informales carecen de acceso a seguridad social complementaria.

Brechas legales

Algunas legislaciones desalientan la reincorporación laboral al limitar la compatibilidad entre pensión y salario. En otros casos, la apertura jurídica existe pero no la cobertura real: un trabajador jubilado que toma un contrato a tiempo parcial puede quedar fuera de prestaciones como licencia por enfermedad o contribuciones que mejoren su pensión futura.

La barrera tecnológica

La transformación digital es una espada de dos filos. Facilita ingresos mediante plataformas, pero deja atrás a quienes no cuentan con acceso a internet, dispositivos o formación básica. Programas públicos de alfabetización digital para mayores están en expansión, pero aún cubren a un porcentaje reducido de la población senior.

Medidas públicas y empresariales que hacen la diferencia

Si el objetivo es incorporar la experiencia de la población mayor con justicia y eficacia, se requieren políticas coordinadas entre gobiernos, empresas y organizaciones sociales. A continuación enumero intervenciones concretas con ejemplos aplicables en la región.

Flexibilizar la compatibilidad pensión-ingreso

Permitir que los jubilados cobren parte de su pensión mientras trabajan sin perder beneficios es una medida que reduce incentivos a ocultar ingresos o a aceptar empleos informales. Ejemplos regulatorios han mostrado que escalonar la reducción de pensión por ingreso laboral incentiva la formalidad.

Incentivos fiscales y programas de contratación

Exoneraciones tributarias para empresas que contraten personal senior a tiempo parcial o subvenciones para formación pueden potenciar la demanda. En países donde se han probado subsidios por contratación de mayores, las tasas de contratación aumentaron entre 5% y 12% en los primeros dos años.

Formación y reconversión profesional

Capacitar en competencias digitales, emprendimiento y marketing es fundamental. Programas públicos que combinan formación con prácticas laborales ofrecen mejores resultados: quienes completan un curso intensivo muestran mayores probabilidades de generar ingresos autónomos en los seis meses siguientes.

Opinión: por qué necesitamos diseñar mejor la jubilación

Mi lectura es crítica pero pragmática. No es sostenible que la jubilación siga siendo una espada de Damocles financiera para tantas personas. Tampoco debemos romantizar el trabajo hasta convertir la vejez en una prolongación laboral indefinida. La respuesta razonable es diseñar transiciones: sistemas de pensiones mixtos, empleos flexibles con derechos laborales y programas que reconozcan la diversidad de capacidades y deseos en la tercera edad.

Un llamado a la responsabilidad colectiva

Empresas, gobiernos y sociedad civil tienen roles distintos pero complementarios. Las empresas deben adaptar procesos de selección y ofrecer jornadas flexibles. Los gobiernos deben asegurar reglas claras que protejan la pensión y faciliten la reinserción laboral. Las organizaciones comunitarias pueden ser puente para formación y redes de apoyo.

Un futuro posible: recomendaciones prácticas

Propongo medidas concretas y asequibles que, aplicadas de manera coordinada, pueden mejorar la calidad de vida de los acumuladores jubilados.

Para los gobiernos

  • Establecer compatibilidad parcial entre pensión y salario sin pérdida inmediata de derechos.
  • Financiar programas locales de capacitación digital y comercio electrónico dirigidos a 60+.
  • Crear incentivos fiscales para la contratación a tiempo parcial de personal senior.

Para las empresas

  • Ofrecer microcontratos con horarios predecibles y remuneración justa.
  • Implementar programas de mentorías donde mayores y jóvenes intercambien habilidades.
  • Evitar sesgos en procesos de selección mediante criterios objetivos por desempeño.

Para la sociedad civil

  • Promover redes locales de intercambio de servicios entre jubilados (trueque de cuidado, clases, asesorías).
  • Fomentar cooperativas de trabajo para que acumuladores formen empresas colectivas con mayor seguridad.

Conclusión: repensar la era de la jubilación

El aumento de los “acumuladores” jubilados no es una moda pasajera; es la respuesta humana a transformaciones económicas y demográficas. Enfrentar esta realidad exige políticas inteligentes, empresas responsables y comunidades solidarias. No se trata solo de cuánto dinero queda en la cuenta bancaria de una pensión, sino de cómo organizamos la sociedad para que la experiencia, el tiempo y la dignidad de las personas mayores sean recursos compartidos y protegidos.

Si la jubilación deja de ser un umbral único y se convierte en un proceso flexible, tendremos la oportunidad de integrar mejor a quienes quieren y deben seguir contribuyendo. Pero para lograrlo, hacen falta voluntad política, innovación en el mercado laboral y, sobre todo, respeto por quienes durante décadas sostuvieron nuestras economías y nuestras familias.

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